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Monumento a los Jiennenses en los Campos de Concentración Nazis
Monumentos conmemorativos o esculturas
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Monumento a los Jiennenses en los Campos de Concentración Nazis.
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  • Ubicado en los jardines delanteros del Palacio de la Diputación.
  • Son dos columnas cerámicas con los nombres de los Jiennenses que estuvieron en los campos de concentración nazis.
  • Entre los miles de republicanos españoles deportados a los campos de concentración nazis, tras la derrota en la Guerra Civil, se encontraba un grupo de unos 231 hombres naturales de la provincia de Jaén. En su mayoría, eran hombres humildes: campesinos y obreros que, tras combatir por la República, padecieron un desgarrador exilio doble. Primero, el destierro tras los Pirineos, huyendo a Francia; después, la condena al horror del sistema de exterminio de Mauthausen-Gusen.
  • Eran campesinos de Martos, obreros de Linares, jornaleros de Úbeda y Baeza, y jóvenes idealistas de la capital.
  • Un gobierno francés desbordado los hacinó en campos de concentración erigidos en las playas de Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien y Barcarès. Eran simples recintos amurallados frente al mar, desnudos de barracones, saneamiento y comida.
  • Construyeron refugios precarios para escapar del frío, la humedad y la enfermedad.
  • Con la invasión nazi de Francia en 1940. Atrapados de nuevo, muchos de los que habían buscado refugio en las Compañías de Trabajadores o en la Legión Extranjera —en un último intento por seguir combatiendo al fascismo— cayeron prisioneros de la Wehrmacht.
  • Entre 1939 y 1941, durante la imparable expansión nazi por Europa, las SS respondieron al creciente número de prisioneros con una red de nuevos campos de concentración. Estos centros fueron diseñados para enclaustrar a opositores políticos, miembros de la resistencia y grupos étnicos catalogados como "razas inferiores", como judíos y romaníes. A esta macabra red se sumaron los campos de Gusen (1939), Neuengamme (1940), Gross-Rosen (1940), Auschwitz (1940), Natzweiler (1940), Stutthof (1942) y Majdanek (febrero de 1943), entre otros.
  • De entre todos ellos, el complejo de Mauthausen-Gusen se convirtió en el destino de la mayoría de los republicanos españoles deportados, entre los que figuraban numerosos jiennenses. Catalogado como campo de categoría III —reservado para prisioneros "irrecuperables"—, el viaje hasta Austria se realizaba en vagones de ganado, sin agua ni comida, en trayectos que podían prolongarse durante días.
  • Al llegar, los deportados sufrían un proceso de deshumanización metódico y despiadado. Eran despojados de toda identidad: se les arrebataba la ropa, los documentos e incluso las fotografías de sus seres queridos. Tras ser rapados y desinfectados, se les asignaba un número que se convertía en su único nombre. Sobre el uniforme a rayas, llevaban cosido el triángulo azul de los apátridas, con una "S" blanca de Spanier que los identificaba como Rotspanier —"rojos españoles"—.
  • Para aquellos hombres acostumbrados al clima del sur de España, el gélido invierno austriaco se convirtió en un enemigo más. El frío penetrante, para el que sus cuerpos no estaban preparados, se cobró numerosas vidas a causa de neumonía e hipotermia. Sin embargo, el epicentro del tormento se encontraba en la cantera de granito Wiener Graben, infamemente conocida como "la escalera de la muerte".
  • Sus 186 peldaños irregulares se convirtieron en un infierno cotidiano. La imagen de hombres esqueléticos subiendo y bajando, encorvados bajo el peso de bloques de piedra de 50 kilos, mientras los golpes de los SS y los kapos llovían sobre ellos, era la materialización misma del exterminio. Allí se ejecutaba el lema nazi de Vernichtung durch Arbeit —"exterminio mediante el trabajo"— . La esperanza de vida media no superaba los seis meses, y miles de personas encontraron allí su fin.
  • La alimentación era otra herramienta de exterminio. Una dieta a base de un caldo aguado de berzas o nabos y un mísero trozo de pan negro mantenía a los prisioneros en un estado de inanición permanente, debilitando sus cuerpos y quebrando su voluntad. A diferencia de otros campos, en Mauthausen apenas se usaba gas. Su arma era más lenta y deliberada: las enfermedades, el trabajo forzado, las palizas y las ejecuciones arbitrarias se encargaban del resto. Los cadáveres demacrados se acumulaban en tal número que el crematorio funcionaba sin descanso, emanando un humo dulzón y nauseabundo que saturaba el aire. La chimenea, en un humear perpetuo, era un recordatorio constante del destino final que aguardaba a los prisioneros.
  • Como testimonio de aquella brutalidad, supervivientes como Manuel Azaustre relataron después la violencia sistemática de las SS: golpes, humillaciones y ejecuciones arbitrarias. En sus palabras: "Aquella chimenea era el recordatorio constante de que la única salida era la muerte".
  • De los cerca de 10.000 españoles deportados a los campos de exterminio nazis, al menos 1.500 hombres y mujeres eran andaluces; casi 4.800 perdieron la vida víctimas del hambre, la enfermedad, la brutalidad o el fusilamiento.
  • Entre los 132 jiennenses que perecieron en Mauthausen y sus subcampos, diez tenían su hogar en la capital. Sus nombres, edades y fechas de muerte son mucho más que datos burocráticos: son el testimonio de vidas arrancadas en plena juventud y de futuros aniquilados por la maquinaria del horror.
  • Entre los 132 jiennenses que perecieron en Mauthausen y sus subcampos, diez tenían su hogar en la capital. Sus nombres, edades y fechas de muerte son mucho más que datos burocráticos: son el testimonio de vidas arrancadas en plena juventud y de futuros aniquilados por la maquinaria del horror.
    • Ricardo Alba Perea, 28 años. No murió de hambre ni de enfermedad. Fue asesinado el 25 de agosto de 1941 en el castillo de Hartheim, un centro de "eutanasia" diseñado para eliminar sistemáticamente, mediante gasificación e inyecciones letales, a prisioneros con discapacidades físicas y mentales.
    • Segundo Lázaro Torres, 24 años. Falleció en Gusen el 18 de febrero de 1941.
    • José Zafra Torres, 27 años. Falleció en Gusen el 29 de noviembre de 1941.
    • Manuel Castillo Ortega, 36 años. Pereció en Gusen el 4 de septiembre de 1941.
    • José Almagro de Ruz, 23 años. Falleció en Gusen el 7 de enero de 1942.
    • Enrique Godino Giménez, 21 años. Murió en Gusen el 10 de enero de 1942.
    • Rafael Pérez Pulgar, 31 años. Murió en Gusen el 13 de enero de 1942.
    • José Sánchez Delgado, 24 años. Pereció en Gusen en plena Navidad, el 25 de diciembre de 1942.
    • Juan de Dios de la Torre Sánchez, 25 años. Murió en Gusen el 21 de enero de 1943.
    • Manuel Ordóñez Arias, 35 años. Falleció en Gusen el 20 de octubre de 1943.
Fuente: Jaén Hoy.

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