| | Olla ibera. Exposición en el Museo Ibero de Jaén | |
  [Escucha este texto]- Se trata de un recinto aristocrático de los siglos V-III a.C.
- Puede que el gran monumento decorado con sillares de gola y relieves, construido quizás entre finales del siglo V a.C. y primeras décadas del siglo IV a.C., estuviera acompañado de un edificio (almacén, santuario) como en otros ejemplos de monumentos escenográficos de la Cultura Ibérica.
- El Edificio A es un cuadrado de unos 14 metros de lado con una sola entrada al este, que daba acceso a un amplio patio y tres estancias al fondo, y que según muestras de Carbono 14 pudo ser edificado a principios del siglo IV a.C.
- El monumento fue eventualmente desmontado, y parte de sus sillares decorados fueron retallados y reutilizados en el llamado Edificio B que forró, cubrió y monumentalizo el edificio A preexistente. Se recrecieron y fortalecieron los muros exteriores, que alcanzaron un formidable espesor de hasta cuatro metros, con apariencia ciclópea y un masivo zócalo exterior de bloques de piedra. El espacio interior se subdividió en nuevas estancias de menor tamaño y se levantó, al menos, un segundo piso.
- Este edificio masivo, ahora de casi veinte metros de lado, se integro habilmente en el terreno del cerro. A su alrededor se creo una terraza que en su lado sur tenia unos diez metros de ancho, contenida por otro muro ciclópeo similar al del edificio. Entre ese muro de terraza y la entrada al edificio se levantó además una escalinata de losas de piedra de más de un metro y medio de largo, que ascendía en dirección al recinto principal.
- No era una atalaya o guarnición militar. Son muchas las pruebas de producción y almacenamiento artesanal, y de la producción y procesamiento inicial de alimentos. En este último grupo, se han descubierto numerosos molinos rotatorios. Dos de ellos estaban in situ y probablemente en uso en el momento de abandono, en las estancias Fy G. Otro completo estaba posiblemente en el piso superior; y finalmente restos de al menos dos más han aparecido fragmentados y dispersos. Esto es muy superior a la necesidad de una unidad familiar o de una pequeña guarnición de una decena de hombres.
- Igualmente hay pruebas del almacenamiento de productos a cierta escala en las estancias de la planta inferior: grandes tinajas o ánforas iberopúnicas, un lote de ánforas grecoitálicas importadas, grandes lebrillos para alimentos sólidos... todo ello es prueba de una gran capacidad de almacenar alimentos.
- Obviamente, hay restos de actividad doméstica de cocina: se ha hallado, junto con la cerámica de mesa, numerosas ollas de cerámica que por su forma y huellas de uso podemos interpretar como ollas de cocina, para la cocción de alimentos.
- Se han encontrado restos de caza, ganadería y consumo de animales; y la existencia, también de una notable capacidad de artesanía textil.
- Piezas encontradas en la intervención arqueológica:
- Fragmentos de varios ejemplares de anfores vinarias de tipologia grecottálica, encontradas en un deposito contemporáneo o tigeramente posterior a la demolición del conjunto, Estas anforas se emplearon desde el siglo III a.C. hasta el la.C. como contendores para el transporte de esta codiciada bebida desde de la Magna Grecia, Sicilia y la bahia de Cádiz.
- Aparecieron cerámica de barniz negro de procedencia itálica (`Cerámica Campaniense`) característica del periodo helenístico (siglos III-la.C.). Se caracteriza por producciones ser estandarizadas, muy exportadas por el Mediterráneo. Útiles para fechar, por en la Merced carácter industrial, su corresponden a la fase de abandono del complejo aristocrático.
- Cerámica de `barniz negro` de procedencia griega ateniense (ática`), típica sobre todo del s. IV a.C. y
de frecuente aparición en la Península Ibérica. Pese al nombre, el tratamiento de la superficie no es estrictamente un barniz. - Fragmentos de mortero de tradición púnica o Se utilizaba para para moler romano. machacar alimentos; las líneas (como a veces fragmentos de piedra más dura) hacen la superficie más rugosa para la molienda. El borde con pico permite el vertido del contenido semilíquido del recipiente (salsas, etc.).
- Dos ollas de cocina, quizá de origen romano republicano. Los dos ejemplares presentan en la boca una ranura cuya probable función sería la de apoyo para una tapadera. Un ejemplar presenta un baquetón y el otro varias lengüetas para facilitar su agarre.
- Un molino ibero, pieza estática o "macho" (el latin, meta) de un molino ibérico rotatorio, en piedra caliza. Sobre ésta se colocaba otra (lot. cotillus), en forma toroide (de "donuts"), que rotaba impulsada a mano, mediante montantes de madera. En la superficie de fricción ser vertían cereales (trigo, cebada...) o leguminosas (yero..) para conseguir harina.
- Molino de mano naviforme (con forma de navío). empleado para moler cereal y producir harina. Se trata del modelo más primitivo, cuyo origen se remonta al Neolítico. La mano del molino se desplaza, con un movimiento de vaivén, de un lado a otro de la superficie, aplastando los granos.
- Una pileta o recipiente tallado sobre una única pieza de piedra. Desconocemos el uso que pudo dársele en época ibérica, pero probablemente estuviera relacionado con el procesamiento de alimentos.
- Ollas de cerámica ibéricas empleadas en la cocción de alimentos. Son producciones relativamente bastas, sin pretensiones decorativas, pero diseñadas para cumplir bien su cometido. Gracias a la mezcla de la arcilla con otros materiales como mica o cuarzo (los llamados desgrasantes) podían soportar mejor los cambios de temperatura y emplearse para calentar alimentos sobre el fuego.
- Ánfora ibero-púnico. Es derivada de del una tipo conocido como producción local pero modelos de origen cartaginés. Se empleaba para el almacenaje y transporte de víveres, tanto sólidos en grano, (cereales aceitunas, legumbres...) como líquidos (aceite, vino...).
- Cuencos, posiblemente lucernas. Vasos a torno de pequeñas dimensiones, menos de 10 cm de diámetro, y sin decoración. Utilizados para la iluminación no tanto en la noche como en las estancias interiores poco o nada iluminadas. Contendrían aceite de oliva y una mecha, ocuparían un pequeño espacio y podrían transportarse y sujetarse con facilidad.
- Vasos pequeños a torno con decoración pintada. Plato de borde vuelto usado como parte de la vajilla de mesa, y taza con asa vertical. Decoración geométrica pintada de color rojo vinoso a base de líneas, bandas, círculos concéntricos y lineas onduladas.
- Fragmentos de enlucido de pared, uno de ellos muy fino, con pintura en color rojo vinoso intenso. Probablemente procedente de estancia nobles de la planta superior. Los restos de enlucido pintado en arquitectura ibérica domestica son extremadamente raros.
- Lote de hachas neolíticas o calcolíticas en distintas piedras duras procedentes de Granada y Málaga. Milenios más antiguas que el complejo ibérico, fueron quizá recogidas en viejas tumbas halladas durante las labores agrícolas. Fueron quizá consideradas amuletos, como hasta casi la actualidad (piedras de rayo).
- Dos grandes recipientes de cerámica ibérica fina a torno, decorados con complejos motivos geométricos que incluyen bandas, lineas, semicirculos concéntricos, y otros elementos. El repertorio deformas de cerámica es muy grande en calidad y en variedad de tipos, reflejo de una sociedad relativamente compleja, que podía permitirse uso de formas especializadas.
- Conjunto de fíbulas o imperdibles para ropa. La circular es una fíbula anular hispánica en bronce, con aguja de hierro, del siglo IV a.C. El resto son del esquema de La Tene más tardias. En todos los casos se ha perdido la aguja.
- El escudo ibérico circular (caetra) tenía cuerpo de madera, cubierto por un fieltro o piel. Se empuñaba mediante una manilla de hierro de aletas triangulares, remachada al cuerpo que en este caso, con su extremo doblado, nos da el diámetro original del escudo: 68 cm., y el grosor de la madera en su borde: unos 0,6 cm.
- Punta de flecha de hierro con aletas dobladas, quizá por impacto. Hallada sobre la escalinata de acceso sur.
- Punta de lanza o jabalina en hierro. Tipo apropiado para la caza y la guerra, en su versión liviana. El asta de madera (fresno a menudo) pudo medir unos 200 cm. Se insertaba en el cubo y se fijaba por un remache que ha dejado un orificio.
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