El bodegón es un género pictórico centrado en la representación de objetos inanimados como frutas, flores, utensilios, alimentos o piezas de caza.
Su origen remoto se encuentra en la pintura mural romana, especialmente en Pompeya y Herculano, donde ya aparecen composiciones de alimentos y objetos cotidianos.
Tras la Edad Media, el género resurge con fuerza en el Renacimiento, primero como elementos secundarios dentro de escenas religiosas o domésticas y después como tema autónomo.
Su consolidación definitiva llega en el siglo XVII, especialmente en los Países Bajos y en España, donde adquiere un carácter simbólico, moralizante o naturalista según las escuelas.
En Holanda se desarrollan los bodegones de desayuno, los de lujo y las vanitas, mientras que en España destacan las composiciones sobrias y realistas de Sánchez Cotán y Zurbarán.
Durante el siglo XVIII el género se vuelve más decorativo y en el XIX experimenta nuevas interpretaciones con el realismo y el impresionismo.
En el siglo XX el bodegón se transforma con las vanguardias: Cézanne lo convierte en un laboratorio de formas, el cubismo lo fragmenta y reinterpreta, y otros movimientos lo utilizan como campo de experimentación visual.
Hoy sigue siendo un género vigente tanto en pintura como en fotografía, manteniendo su valor estético y simbólico.